El martes 4 de enero la Convención cumplió seis meses desde su instalación. La dupla conformada por Elisa Loncón y Jaime Bassa cerrada su mandato, con cifras azules, buena evaluación ciudadana y la tarea cumplida de levantar la CC desde cero, instalarla y dejar el debate constitucional de fondo en tierra derecha, ad portas de iniciar la etapa de deliberación y votaciones de normas para la nueva Constitución.

Si bien las negociaciones entre los colectivos hasta la noche del lunes 3 auguraban un resultado incierto en la definición de la nueva presidencia y vicepresidencia, el desgastante intento por suceder a Loncon y Bassa que se vivió esa jornada estuvo fuera de todo libreto imaginado en la propia Convención.

Fueron horas de votaciones y negociaciones sucesivas para intentar fraguar un acuerdo político que permitiera lograr la mayoría requerida de 78 votos del pleno. Cerca de las 4:30 am, la sesión fue suspendida por Loncon y Basa hasta las 15:00 horas del miércoles 5.

Solo en la jornada siguiente finalmente salió humo blanco, María Elisa Quinteros (Movimientos Sociales) y Gaspar Domínguez (Independientes No Neutrales) se transformaron en la nueva dupla que ahora llevará las riendas de la Convención, no sin que en el proceso quedaran varios heridos en el camino, alianzas trizadas, confianzas dañadas y la imperiosa necesidad de recomponer el dialogo y el consenso en el seno de la Convención.

La despedida de la “dupla mágica”. Se suponía que el martes iba a ser el último pleno liderado por Loncón y Bassa. Por eso, previo a la ronda de votaciones, se desarrolló una ceremonia para que la mesa saliente se despidiera que partió a las 9.30 y se realizó en el salón de honor de la sede del Congreso en Santiago, ya que por temas de aforo permite que todos los convencionales estuvieran en el mismo espacio.

Un cuarteto de vientos de las Orquestas Juveniles interpretó “Gracias a la Vida” y “La Jardinera” de Violeta Parra, una invitación de la mesa como gesto de desagravio, ya que hace seis meses, no pudieron tocar como corresponde en el pleno de instalación por los incidentes que obligaron a suspenderla por tres horas.

La mesa ampliada ingresó completa y de una sola vez, entre aplausos de los convencionales. Las siete vicepresidencias adjuntas realizaron una cuenta pública conjunta, en que cada uno puso un énfasis diferente de lo realizado estos seis meses.

En su discurso de despedida, el aún vicepresidente, Jaime Bassa, destacó que “pocas y pocos pensamos que íbamos a navegar durante seis meses no solo de manera ininterrumpida, sino que de manera irregular (…) es una institucionalidad que nos ha costado mucho levantar. Primero por lo obvio, porque empezamos desde cero. El trabajo, la relación con el Gobierno fue muy trabajada, muy difícil, fue mejorando con el tiempo, es verdad, pero fue difícil, tuvimos momentos incómodos que todas y todos conocen, pero también porque esta no es una institucionalidad cualquiera, es una institucionalidad que tiene todavía que representar una forma de poder que, hasta ahora, no se había ejercido en el país”.

En su balance, puso el acento en que la Convención “no es la reivindicación de la política de la identidad como algunos están tratando de instalar, de que aquí hay nichos de pueblos que tratan de separarse del resto. El proceso de reivindicación social es también el proceso del reparto de las cosas de una manera distinta, es la reivindicación de distribuir el poder de manera distinta. Esa distribución requiere el reconocimiento de la identidad, pero no es solo eso, no basta con eso, requiere también redistribución del poder económico, político y social que se acumula de manera bastante arbitraria en la sociedad chilena”.

Agradeció emocionado el apoyo a pareja y su familia, pero sobre todo a Loncón y recalcó que la Convención “es por lejos el espacio más representativo que hemos tenido en la historia de Chile, aprovechémoslo, saquémosle brillo, porque hay mucho pueblo detrás nuestro esperando que hagamos las cosas bien. Hay mucho pueblo detrás nuestro esperando una representación real, eficaz y efectiva”.

Luego, y tal como lo hizo hace seis meses cuando asumió, Loncon inicio sus palabras en mapudungun. Después habló de la importancia que ha tenido su condición de escaño reservado: «Una mujer mapuche puede gobernar una institución que marca los destinos del país. Este es un hecho cultural y político sin precedentes en la historia de nuestra comunidad política, habla de un país paritario y plurinacional que ya da sus primeras luces (…) esta presidencia ha dado muestras de que podemos hacernos cargo y dirigir los grandes temas del país. Las naciones originarias somos agentes democratizadores, que traemos profundos pensamientos para repensar nuestra vida común y digna”.

Loncon relevó que «la nueva Constitución no está siendo una escritura solo de eruditos, sino que se ha transformado en un hecho cultural y democrático de grandes proporciones”; criticó al Gobierno de Sebastián Piñera por “mezquindades” y haber sido “un obstáculo, sobre todo en los primeros meses”; y precisó que la CC salió adelante gracias “a las instituciones públicas y republicanas de nuestro país. Vaya un caluroso saludo a todos los funcionarios que aquí trabajan, sin ellos la democracia no hubiese avanzado”.

Nos quedan seis meses, sigamos escuchando, dialogando y profundizando la democracia en este hermoso camino que nos tiene elaborando una nueva guía de ruta para la sociedad plural y digna que viene emergiendo (…) honor y orgullo para la Convención Constitucional de Chile y para el trabajo que realizan todos los constituyentes”, concluyó sus palabras en medio de una ovación de pie del pleno.

Ocho votaciones y una decisión en suspenso

Ese martes 4 todo salió más largo y complicado de lo que se esperaba. Nadie pensó en la Convención que el día se terminaría sin poder elegir a los nuevos presidente y vicepresidente de la Convención.

Fue un proceso ripeado, tenso, que demasiadas veces cambio de escenario, con largas negociaciones que por horas fueron infructíferas y, sobre todo, con un riesgoso efecto en la correlación interna de las fuerzas políticas. El eje articulador de la CC que el Frente Amplio y el PS habían generado desde julio a la fecha, se diluyó entre las sucesivas votaciones, el propio Colectivo Socialista se dividió con el correr de las horas, no se logró mantener una mayoría solvente ni menos mantener alineado -como muchas veces se hizo en estos seis meses- al Colectivo del Apruebo e Independientes No Neutrales.

La idea original de buscar una dupla de presidente y vicepresidente de consenso, transversal, con un fuerte sello de manejo político y diálogo para guiar la fase más crucial de la CC -de debate y votación de normas- quedó desperfilado en medio del ajedrez de negociaciones a la rápida entre votación y votación.

Con el correr de las horas, quedó en tela de juicio por ahora, la capacidad de los constituyentes de construir mayorías sólidas y contundentes para llevar a buen puerto la tarea de elaborar una nueva Constitución. Se va a necesitar mucho diálogo y consenso para generar los 2/3 del pleno que requieren las normas constitucionales para ser aprobadas.

El proceso de votación se inició a las 11:30 horas. Como por reglamento la presidencia y vicepresidencia de la CC se eligen por sistema papal, se hacen votaciones sucesivas hasta que una opción logra la mayoría absoluta de 78 votos. Los convencionales, uno a uno, fueron llamados en orden alfabético para depositar la papeleta con su preferencia en una “copa” metálica instalada al frente de la testera. El proceso estuvo a cargo del secretario de la CC, John Smok, quien hizo el recuento de votos, que fue público, transmitido en directo y donde se decía quien votaba por quien, lo que permite conocer inmediatamente las alianzas y acuerdos que sellan.

En la primera ronda de votaciones Ramona Reyes (Colectivo Socialista) obtuvo 34 votos; Barbara Rebolledo (Evopoli) sacó 32; Eric Chinga (Coordinadora Plurinacional Popular) llegó a 29, mientras que Cristina Dorador (Movimientos Sociales) logró 22 preferencias; Patricia Politzer (INN) 13; Daniel Bravo (Pueblo Constituyente) alcanzó 11 sufragios y Eduardo Castillo (Colectivo del Apruebo) otros 7. Además, Loreto Vidal, Paulina Veloso, Bárbara Sepúlveda y Gioconda Navarrete sacaron cada una un voto. Se registraron dos nulos.

Este resultado fue un reflejo de las principales alianzas que se habían gestado en las negociaciones. El PC detrás de la opción de Chinga, el Frente Amplio y el Colectivo Socialista respaldando a Reyes, mientras que INN, la derecha, Colectivo del Apruebo y Pueblo Constituyente sondeando opciones con sus candidatos.

En la segunda votación Reyes subió a 54 votos, Rebolledo a 33, Dorador a 30 y Chinga llegó a 34. Castillo sacó un voto, otro Geoconda Navarrete y hubo un nulo.

Ahí vino un receso de 1 hora del pleno para almorzar y fue cuando todo cambio. La información que desde el lunes en la tarde circulaba en chats de la Convención, ya se había hecho pública en todos los medios de comunicación: una demanda del Consejo de Defensa del Estado contra Ramona Reyes por una serie de inconsistencias financieras durante su gestión como alcaldesa de Paillaco, debido a un juicio de cuentas que le realizó la Contraloría Regional de Los Ríos en 2015 y que fue confirmada por el Tribunal de Cuentas de Segunda Instancia en 2016.

Se desató la presión sobre el FA por apoyar una candidata de la que se dudaba de su “probidad” y la posible elección de Reyes, implicaba un peligroso flanco de cuestionamiento para la Convención.  Se cayó el acuerdo del PS y el Frente Amplio y la candidatura de Reyes.

Vino la tercera ronda de votaciones, donde el PS y el FA en vez de buscar un plan B, una alternativa de consenso, optó por dividirse. Los socialistas optaron por Politzer, el FA por Dorador y comenzó la dispersión de votos. El resultado fue: Dorador 46 votos, Chinga 33, Rebolledo 31, Politzer (29), Castillo (5), Reyes (3) y Patricio Fernández (3), mientras que Angélica Tepper y Martín Arrau 1 voto cada uno. Hubo 2 votos nulos. Nadie tuvo mayoría y se pasó a una cuarta ronda de votación.

Las negociaciones se hicieron ahí mismo en el pleno, durante un receso, se trató de reordenar el mapa y pero en la cuarta ronda nuevamente nadie logró los 78 votos: Dorador subió a 60 (el PC votó por ella en esa vuelta), Politzer llegó a 35 (con votos de INN, el PS y parte de la derecha), Chinga perdió respaldos y quedó con 22, Fernández obtuvo 22 (con respaldos de la derecha y el Colectivo del Apruebo) y Rebolledo sacó solo 5 preferencias. Los votos de rechazo a estos acuerdos se reflejaron en los 4 sufragios que tuvo Felipe Mena, los dos de Martín Arrau y 1 a favor de Roberto Celedón, Ruth Hurtado, Patricia Labra y Adriana Cancino.