Por Carlos Correa Bau 

A pesar de que el gobierno actual aún no ha alcanzado su punto medio, el escenario político ha experimentado una explosión de candidaturas presidenciales durante el cálido verano, con la irrupción de nombres poco conocidos en la esfera pública. En la derecha cunde el deseo de convertirse en el Milei o en el Bukele chileno, aprovechando el clima de desconfianza. En este contexto, el experimentado candidato Marco Enríquez-Ominami aprovechó para dejar claro queno descarta una quinta postulación consecutiva.

La discusión sobre el legado del ex Presidente Piñera ha posicionado a Matthei como líder en las encuestas, convirtiéndola en el objetivo principal de otros candidatos de derecha. Además, Matthei aún debe decidir si buscará la reelección como alcaldesa, recordando que, la anterior municipal, una desconocida contendora como Verónica Pardo logró un sorprendente 44% de apoyo, demostrando su vulnerabilidad. Una derrota o una victoria ajustada abrirá aún más el hambre en la derecha, que ve como única certeza su presencia en La Moneda a partir de 2026.

Esa sensación está también en la centroizquierda, acrecentada por la carencia de figuras que superen el 10% de apoyo en las encuestas presidenciales. Aunque las ministras Vallejo y Tohá han mantenido cierto nivel de visibilidad, no han logrado alcanzar cifras significativas en las encuestas, lo que lleva a algunos dentro de los partidos a considerar opciones fuera de la caja. Incluso se ha mencionadoa la ex Presidenta Bachelet, quien ha reiterado que no está disponible, y según la embajadora en Naciones Unidas, podría considerar una contienda distinta.

¿Deberían preocuparse los sectores de centroizquierda, confiarse los partidarios de Matthei o mostrarse ansiosos los otros de derecha? La verdad es que aún no es momento para ello. La verdadera competencia comenzará después de las elecciones municipales y de gobernadores, cuyos resultados determinarán los próximos pasos. Hasta ahora, lo observado no constituye suficiente base para predecir resultados. Hay todavía variables a despejar.

En el caso de la derecha, el factor Republicano es crucial. Sin representación en municipios ni gobernaciones, están volcando todos sus esfuerzos en esta elección para superar el revés del último plebiscito. Chile Vamos, que apenas unos días antes defendía la propuesta, logró desligarse del fracaso y dejar a Kast pagando la cuenta. Si decide pactar, corre el riesgo de diluir suidentidad y quedar a merced de facciones rebeldes. Un camino independiente, podría poner en peligro su supervivencia política y ser culpado por dividir votos, facilitando así el triunfo del oficialismo.

La centroizquierda tiene todavía demasiadas oportunidades como para caer en la desesperación. Sus candidatos más competitivos como Beatriz Sánchez, Alejandro Guillier o el propio Presidente Boric emergieron mucho después de las municipales. El dato duro de un 30% de apoyo al Presidente no ha sido todavía traspasado a algún sucesor o sucesora y es un piso atractivo. Tiene además que resolver que hará con las primarias. La no participación en este mecanismo a la coalición DC Socialismo Democrático, casi hizo naufragar a Guillier antes del balotaje en la elección de 2017 y fue trascendente para el quinto lugar de Provoste; a diferencia del Frente Amplio. La verdadera hora de las presidenciales es cuando se apaguen las luces de esa noche de elección municipal y de gobernadores, y lo de ahora es solo una canción de verano..