La semana más álgida de la crisis, Monsalve termina con una elección de gobernadores, que fue planteada en su momento como un plebiscito sobre el gobierno. Si bien, en todos los casos, corresponden a elecciones regionales y hay otros clivajes instalados, es necesario poner ojo en ciertos datos.
En 11 regiones, los electores tendremos que ir de manera obligatoria nuevamente a las urnas. Debido a que están las regiones más pobladas, es un buen indicador de cómo se comportarán las segundas vueltas con voto obligatorio. En los repechajes anteriores, tanto a nivel regional como en las elecciones presidenciales, se producen sumas de las otras candidaturas más afines y los resultados han sido bastante predecibles. Una posibilidad es que se mantenga la misma estructura, lo que sería una mala noticia para el gobierno en casi todas las regiones.

En ocho de estas segundas vueltas, se enfrentan el gobierno con la oposición. Entre esas se encuentran las regiones Metropolitana, Valparaíso y Biobío, que representan en total el 60% de la población del país. Así, para el gobierno perder esas 3 regiones es una pésima noticia, difícil de explicar esa noche del domingo en factores locales. Por otro lado, ganar esas 3 regiones se vuelve una pesadilla para la oposición, que está en un ánimo triunfante.
En el caso de las otras 5 regiones, las expectativas oficialistas son bajas en todos los casos, por lo que cualquier triunfo es altamente destacable. Si bien los candidatos han hecho esfuerzos por llevar la contienda a una clave regional, es indudable que el caso Monsalve, que ha enredado de mala manera a La Moneda, influirá en el voto, en especial el que se informa en el último momento por quien votar, y suele ser más emotivo y térmico. En marketing se suele ocupar el término ‘consumidor de última milla’ para explicar este fenómeno, que ocurre también en las campañas políticas.
La razón principal es que veremos en todos los matinales las imágenes del exsubsecretario rumbo a la cárcel, y que por una razón que solo se explica por el desorden comunicacional, las declaraciones judiciales que se han filtrado tienen abiertas contradicciones con el relato que La Moneda ha hecho de este caso. La mezcla de esa imagen y los enredos genera malas sensaciones en personas que no tengan decidido el voto o no se hayan informado.
De todas las elecciones, la más emblemática es la batalla de los Orrego, de la que se ha derramado suficiente tinta. Hasta el momento de estas líneas, el gobernador actual logró despegarse del sello de ser candidato del gobierno, y la serie de apoyos de personas de centroderecha, además de la falta de contenido de su contendor, le ha permitido recuperarse del balde de agua fría de la primera semana.
En Valparaíso, el candidato de izquierda se ha basado en su localía para evitar el plebiscito sobre el gobierno, pero se enfrenta a una candidata mucho mejor preparada que el Orrego de derecha. Por ello el pronóstico es incierto. Y en el caso de Biobío, si Alejandro Navarro gana, quebrarán varias encuestadoras y tendrán que esconderse varios pronosticadores. Ha ocurrido anteriormente, pues siempre sorprende.
Para las elecciones presidenciales, no tendrá efecto alguno, pues el oficialismo está en el piso, y la centroderecha tiene las preferencias, pero le falta el relato. Todavía faltan candidatos en la papeleta. Por ahora, lo más probable es que ninguna coalición se lleve las tres grandes en este enfrentamiento.
Por Carlos Correa Bau, Ingeniero Civil Industrial, MBA.




